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Performance

Esmeralda Reina del Mar, 1979

Performance Body Art. La historia de Arturo Prat, convertido en un héroe popular, y la "Esmeralda", una corbeta de la Marina chilena, hundida en la rada de Iquique durante la guerra del Pacífico. La leyenda de su Comandante en su último ataque suicida a la acorazada enemiga, constituyen el tema de la performance que parte de un hecho público para profundizar en asuntos privados.

La música de Marlene Zeiro y de Giulano Palmíeri, hacen resaltar el drama de la pantomima cotidiana, mientras el cuerpo desnudo del artista, pintado a los "Tristes Trópicos" con los colores de las raíces indio-africanas de América Latina, se envuelve en una bandera chilena ensangrentada y al ritmo metódico de diversas proyecciones de diapositivas van ilustrado en el fondo, las imágenes de la memoria, donde el espectador reencuentra mágicas invocaciones.

 

Teatro di Porta Romana, Milano, Octubre/Noviembre 1979.


Presentada en la III Semana Internacional de la Performance, Galleria d'Arte Moderna de Boloña, primavera del 1979.
Fringe Festival, Edinburgo, Escocia, verano 1979. Teatro de Porta Romana, Milano, Octubre-Noviembre 1979. Total público asistente: 2.400 personas. (Fotografía de Performance, pág. 177-178)

Artículo de Claudio Valentinetti, Corriere della Sera, Milano, octubre 1979:

 

“La historia de ESMERALDA, una corbeta de la Marina chilena, hundida en la rada de Iquique, hace exactamente un siglo, durante la Guerra del Pacífico y la leyenda de su comandante Arturo Prat convertido en un héroe popular por su último ataque suicida a la acorazada enemiga, constituyen el tema de uno de los performances de Francisco Copello, La Esmeralda, que parte de un hecho público para profundizar asuntos privados. Su elocuente "danza frenada", subraya y propone gestualmente las ansias y desesperaciones de una condición humana autobiográfica (que es aquella de todos) hecha de esperanzas, odios, ilusiones, liberaciones y sobre todo de represiones.
Mientras el juego de las luces insiste sobre verdes y rojos a la manera de cierta iconografía latinoamericana colonial y barroca o sobre evocadoras albas tropicales, la música de Marlene Zeiro y de Giuliano Palmieri hacen resaltar el drama de la pantomima cotidiana, mientras el cuerpo desnudo del artista pintado a lo "Tristes Trópico?, con los colores de las raíces indioafricanas de la América Latina, se envuelve en una bandera chilena ensangrentada y el ritmo metódico y mecánico de diversas proyectoras de diapositivas van ilustrando en el fondo las imágenes de la memoria, donde el espectador encuentra visiones del cuerpo felino y las mágicas invocaciones "a lo Donyale Luna" o del "Tetrarca de la Salomé", de Carmelo Bene, con el barroquismo de Lindsay Kempt junto a un surrealismo concreto típicamente latinoamericano.”

 

Antecedentes:

 

“En junio participamos con Esmeralda, en la III Semana Internacional del Performance, en la Galería de Arte Moderna de Boloña, un evento sensacional, con invitados famosos: Hermann Nitsch, Marina Abramovic, Charlemagne Palestrina, entre otros.” (Viaje del Angel, pág.42)

“En ESMERALDA vivo condicionado por el ritmo de las marchas, miro con mi cara blanca a los verdugos. Iba a ser el personaje de una trágica pantomima, el héroe. Ensangrentado envuelto en mi bandera, en agonía, en rebeldía, en primavera. Luz en la desolación. Reflexión sobre una condición desesperada en medio de la ceguera y el terror.
Entre salvas y fuegos fatuos, me lanzaba al abordaje en un día de celebración para la patria, cuando todo sucumbía en el mar bravío, entre granadas y humos me hundía en la vorágine del océano en un puerto del norte, salpicando mi sangre la acorazada enemiga.
Despierto bruscamente por sonidos secos y violentos, muevo mis brazos y el tronco, en caídas sucesivas y sincopadas, tratando de liberarme, se repiten mis movimientos de angustia, cayendo y levantándome lentamente. Mi bandera desgarrada, implacable, iracunda, amarga con Estrella reina y mártir.
Mi cuerpo felino y la mágicas invocaciones de mi estrella errante vagando sin destino, logran llenar bastantes localidades del enorme teatro di Porta Romana, el par de semanas que duran las representaciones. Los músicos con los que viajo son dos personajes apasionados y ardientes, el príncipe Giuliano Palmieri y la pelirroja hechicera, Marlene Zeiro, quienes crean improvisando la entera partitura de Esmeralda, incluidas sus variaciones y ornamentando las repeticiones. Marlene considera esencial "improvisar" en el proceso de dar a luz una composición musical para dos pianos y un solitario mimo con su bandera. Sus ágiles manos tocan incansables esos acordes. Entre suspiros, su rostro asume expresiones de angustia que me desvelan. Palmieri en cambio compone metódicamente la música electrónica de la banda de sonido, tocando extraños instrumentos de percusión y viento, inventados o emigrados de una isla de la Polinesia.
Con Marlene nos amamos desde nuestro primer encuentro, proponiéndome realizar la coreografía de su fábula NUÁ, que cuenta la historia de una mujer al borde de la muerte, poseída por la perversidad y el demonio, cuyos textos son recitados por la actriz Graziella Martinoli, autodefinida "La Voz" junto al actor Alberto Carpanini. Nuestro productor es GERVANT, un armenio-italiano, lleno de aprehensiones por su salud. Es un personaje delgado y barbudo, con un par de ojos negros como chispas. Su mayor preocupación son sus almorranas, en crisis perenne, transportando consigo a todas partes un milagroso cojín del Oriente, sobre el que deposita sus escuálidas nalgas, en cualquier instante de su amargada existencia. MARLENE es su chifladura, su perturbación y obsesiva manía, persiguiéndola con mantas y chales, durante los ensayos, cubriendo la desnudez de su amante, con la excusa de un inminente resfrío.
Como grupo, el año 1979, lo dedicamos a construir, ensayar y representar ESMERALDA y NUÁ. Partimos en un pequeño teatro de Rapallo, donde realizamos "previews", de ambas obras a comienzo de primavera, un período duro, con Nuá. Fue difícil enseñar a Marlene ciertos movimientos, realizando en torno a ella mi ‘famosa’ danza del fauno -a show stopper- que en parte salva a la pieza rarefacta de Marlene. Nuestro debut con ESMERALDA se produjo en otra ciudad de la Riviera italiana de Levante, en la ex iglesia de San Francesco de Chiavari, un templo despojado y desnudo, iluminados con algunos faros y cantidades de velones esparcidos por los límites de mi territorio de performer. Se llenó de un público joven, algunos intelectuales y artistas locales aparecen en el improvisado camerino, dándome abrazos y falsos cumplidos de "entendidos".
Esa noche, juglares y actores ofrecen maravillas con pruebas singulares de su creatividad lingüística y corporal; unos ensayan acelerados monólogos, otros bailan pasos de jazz y alguien con su cuerpo cubierto con oro y plata, arrastra cadenas por la explanada central. La prensa se fascina con las argucias de Miss Martinoli, la voz del Clown Asesino, los encanta a todos explicando los diversos tipos de voz que debe dominar un actor, relatando sus experiencias con el Gran Mago de Graz.
En la confusión del cambio de estaciones en Londres, Marlene y Gerwant, en el trayecto a Edinburgo, pierden la maleta de Marlene repleta de prendas íntimas. Cada día Gerwant visita la oficina de objetos perdidos, en la Estación de Ferrocarriles de Edinburgo, inútilmente, debiendo partir a tiendas y adquirir a su amado tormento, negligees y calzones de bataclana, que urga con delicia, entre ensayos.
De la fábula polifónica, la crítica salvó mi danza alegre, repetitiva y briosa, ante los tormentos del vicio, que poseen a Nuá, a quien con mi baile debo hechizar, transportándola hacia el verdadero amor, pero Ella, apestada y poseída, sólo percibe lascivia, malicia y pecado.
Nuestra presentación en el Teatro di Porta Romana, en Milán, entre octubre y noviembre, fue también nuestra despedida como grupo y el final de la colaboración entre Palmieri, Alberto Carpanini, Graziella Martinoli, y yo. La dirección del teatro se organiza para vender nuestro programa doble para entendidos, habituados a promover productos alternativos, performances experimentales y grupos de ruptura como los SQUAT, de Nueva York, recientemente en cartelera.
Creo que mi trabajo corporal y expresivo alcanza su ápice en las presentaciones del Teatro di Porta Romana; la crítica comparó mi performance, con el "Tetrarr.a" de la SALOMÉ del actor director, Carmelo Bene, quien es un monstruo en escena, por su magistral bravura. Otra similitud la encuentran con Donyale Luna en las invocaciones mágicas de mi cuerpo felino. Y también salió elencado mi parecido física, con el amado-odiado Lindsay Kempt, un exitoso actor - mimo - bailarín, que gira con sus camiones, cajas de pandora por la ruta al próximo estreno teatral. Temamos un amigo común, Cristian Michelsen, quien me invitó a pasar la Navidad junto a la compañía, que esa noche representaba una versión muy particular de "El sueño de una noche de medio verano" -MidSummer Dream-. Al verme en su camerino, me miró detenidamente y me sugirió que dejara de sonreír. Y decidiera... si quería hacer carrera con mi pantomima, debía ser malvado y cruel, perverso con mis enemigos, orgulloso de mi talento y ambicioso.” (Fotografía de Performance, P111-117)

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Francisco Copello 2009 © Todos los derechos reservados